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Antonio Cisneros y la poesía moderna

miércoles, 09 de febrero del 2011 a las 16:28

ANTONIO CISNEROS TAGS:La mayor contribución de Antonio Cisneros consiste en una incuestionable modernización de la poesía peruana a partir de los últimos años del siglo XX. La influencia en otros, que todavía no ha sido del todo destacada,  está a la luz en la producción del poeta desde sus momentos iniciales.

Con Cisneros, la visión poética tiene como basamento la historia de este país en sus más vastas dimensiones, desde los tiempos prehispánicos hasta las confrontaciones sociales de hoy. La presencia de la geografía es permanente, como soporte físico de la obra poética, que es trabajada con un lenguaje a la vez simple y metafórico, que al mismo tiempo refleja una cultura magistral.

 A la vez, remarcamos, la poesía de Cisneros se presenta desde el comienzo, como una voz que nos renueva en la misma órbita de la producción universal. Desde sus primeras entregas, su visión del mundo se asienta en una sólida convivencia entre la literatura y las artes plásticas, como demuestra este sugestivo cuadro inspirado en una pintura de Gauguin:

Mujeres de Tahití de Paul Gauguin

Acostumbraban a no lavar

su rostro, a dormir

con el río, sobre su lecho

de hierbas y manzanas,

atando sus cabellos

en el mar.

Antonio Cisneros es lector infatigable de todos los poetas del mundo, y con mayor rigor de los europeos contemporáneos,  especialmente anglosajones y franceses, en la lengua original de producción de esta bella materia llamada poesía.

 

PARACAS

Desde temprano,

crece el agua entre la roja espalda

de unas conchas

 

y gaviotas de quebradizos dedos

mastican el muymuy de la marea

 

hasta quedar hinchadas como botes

tenidos junto al sol.

 

Sólo trapos

y cráneos de los muertos, nos anuncian

 

que bajo estas arenas

sembraron en manada a nuestros padres.

     (De: Comentarios reales)

TARMA

El sol en las paredes, los tejados

meciéndose entre ramas,

la retama enredada en mi camisa,

mirlos en mis zapatos,

altas calles empedradas de eucaliptos

llegan hasta los cerros,

y sin embargo

las moscas y los muertos

no necesitan

higueras o retamas, ni esta sombra

de sauces apretados.

     (De: Comentarios reales)

CRÓNICA DE LIMA

                                             Para calmar la duda que tormentosa crece

                                            acuérdate, Hermelinda, acuérdate de mí...

                                                                   "Hermelinda", vals

 

Aquí están escritos mi nacimiento y matrimonio, y el día de la muerte

del abuelo Cisneros, del abuelo Campoy.

Aquí, escrito el nacimiento del mejor de mis hijos, varón y hermoso.

Todos los techos y monumentos recuerdan mis batallas contra el Rey de los Enanos y los perros

celebran con sus usos la memoria de mis remordimientos.

                                                                               Yo también

harto fui con los vinos innobles sin asomo de vergüenza o de pudor, maestro fui

en el Ceremonial de las Frituras.

                                                                                 Oh ciudad

guardada por los cráneos y maneras de los reyes que fueron

los más torpes  - y feos - de su tiempo.

                           Qué se perdió o ganó entre estas aguas.

Trato de recordar los nombres de los Héroes, de los Grandes Traidores.

Acuérdate Hermelinda, acuérdate de mí.

 

Las mañanas son un poco más frías,

pero nunca tendrás la certeza de una nueva estación

- hace casi tres siglos se talaron los bosques y los pastos fueron muertos por fuego.

                                  El mar está muy cerca, Hermelinda,

pero nunca tendrás la certeza de sus aguas revueltas, su presencia

habrás de conocerla en el óxido de todas las ventanas,

en los mástiles rotos,

en las ruedas nmóviles,

en el aire color rojo-ladrillo.

                                      Y el mar está muy cerca.

El horizonte es blando y estirado.

                                      Piensa en el mundo

como una media esfera - media naranja, por ejemplo- sobre 4 elefantes,

sobre las 4 columnas de Vulcano.

                                      Y lo demás es niebla.

Una corona blanca y peluda te protege del espacio exterior.

Has de ver

                      4 casas del siglo XIX

                      9 templos de los siglos XVI, XVII, XVIII.

                      Por dos soles 50, también, una caverna

donde los nobles obispos y señores - sus esposas, sus hijos -

dejaron el pellejo.

                       Los franciscanos - según te dirá el guía -

inspirados en algún oratorio de Roma convirtieron

las robustas costillas en dalias, margaritas, no-me-olvides

- acuérdate, Hermelinda - y en arcos florentinos las tibias y los cráneos.

(Y el bosque de automóviles como un reptil sin sexo y sin especie conocida

bajo el semáforo rojo.)

                       Hay, además, un río.

Pregunta por el Río, te dirán que ese año se ha secado.

             Alaba sus aguas venideras, guárdales fe.

Sobre las colinas de arena

los Bárbaros del Sur y del Oriente han construido

un campamento más grande que toda la ciudad, y tienen otros dioses.

(Concerta alguna alianza conveniente.)

Este aire - te dirán -

tiene la propiedad de tornar rojo y ruinoso cualquier objeto al más breve contacto.

Así,

tus deseos, tus empresas

                                                 serán una aguja oxidada

antes de que terminen de asomar los pelos, la cabeza.

Y esa mutación - acuérdate, Hermelinda - no depende  de ninguna voluntad.

El mar se revuelve en los canales del aire,

el mar se revuelve,

es el aire.

                      No lo podrás ver.

Mas yo estuve en los muelles de Barranco

escogiendo piedras chatas y redondas para tirar al agua.

Y tuve una muchacha de piernas muy delgadas. Y un oficio.

Y esta memoria - flexible como un puente de barcas - que me amarra

a las cosas que hice

 y a las infinitas cosas que no hice,

a mi buena o mala leche, a mis olvidos.

                               Qué se ganó o perdió entre estas aguas.

Acuérdate, Hermelinda, acuérdate de mí.

     (De: Canto ceremonial contra un uso hormiguero).

 EN DEFENSA DE CÉSAR VALLEJO

 Y LOS POETAS JÓVENES

no hay frase o palabras de este poema que me pertenezcan. simplemente he ordenado, según mis sospechas, algunas cosas sacadas de Coyné, Monguió, Clemente Palma, el acta de bautismo, Espejo Asturizaga, lo que va entre comillas son fragmentos de cartas de Vallejo.

En la santa iglesia parroquial de Santiago de Chuco,

a los diez y nueva días del mes de Mayo de mil ochocientos noventidós.

Yo el cura compañero bautizé, exorcicé,

puse óleo y crisma según el orde de Nuestra Santa Madre Iglesia

a un niño de sexo masculino, de dos meses

a quien nombré César Abraham.

César Vallejo, un hombre a quien le faltaba un tornillo.

Hijo legítimo de Francisco de P. Vallejo

y de María de los Santos Mendoza

                                                     naturales y vecinos de ésta.

Señor C.A.V.

                    Trujillo

                               Cementerio de Montrouge:

Nos envía usted un soneto titulado El poeta a su amada,

hasta el momento de tirar al canasto su mamarracho

no tenemos otra idea

sino la de deshonra de la colectividad trujillana.

Clemente Palma,

                          el cura compañero.

                                                         "Después

hacia la playa de la Magdalena

                                                  en auto

                                                              y a 75 de velocidad.

Allá a la derecha, La Punta muestra sus luces.

                                                               Y a la izquierda,

Chorrillos brillante y lejano".

En Lima conocí al poeta César A. Vallejo,

puse óleo y crisma según el orde de Nuestra Santa Madre Iglesia,

y hasta escribí algunas palabras en su elogio:

                                                                        Vallejo es un poeta.

Bebía Valdelomar un cocktail de moda

                                                             en el Palais Concert,

de pronto se le acercó un amigo

para presentarle

                          a cierto

                                       joven

                                                 notable

                                                             poeta,

hizo al recién llegado las atenciones que fue menester,

tendiéndole la mano le dijo:

Ahora ya puede decir en Trujillo que ha estrechado usted la mano de

        Abraham Valdelomar.

                                         Yo

bautizé, exorcisé a un niño de sexo masculino

                            a quien nombré César Abraham,

                            a quien le faltaba un tornillo,

                                                       pedantería,

                                                       mayor solemnidad,

                                                       retórica,

                                                       las mentiras y las convenciones

                                                       de los hombres que nos preceden.

"El libro ha nacido en el mayor vacío.

                                                           Soy responsable de él.

Asumo toda la responsabilidad de su estética".

Y es un genio,

                      un adefesio,

                                          una gaita,

una ocarina,

                     un acordeón.

                                          "Hoy más que nunca,

siento gravitar sobre mí, una hasta ahora desconocida obligación

de hombre y de artista.

                                      La de ser libre".

Desconcertó a la crítica oficial.

                                                  Se dice poeta,

es un poeta,

                      es un gran poeta,

                                                   en primera línea,

sus poemas lo harán más grande que Rubén Darío,

es como cuando usted se echa un chicle a la boca.

La crítica oficial.

                          "La de ser libre.

Si no he de ser libre hoy no lo seré jamás".

Es un novicio casi, pero en él

se apunta una preciosa promesa.

                                                      Cierto

                                                       joven

                                                       notable

                                                       poeta

                                                       trujillano

                                                       mereció una ovación.

Versos sonoros

                         de fibra

                                       polícromos

                                                         y de un lirismo rotundo.

Este positivo valor de la literatura nacional que,

                                                                             como aquí,

ha sabido triunfar en la babilónica Ciudad Luz.

                                                                           ¡Grandes sorpresas!

Por nuestra parte:

                               Simpatía.

                                               Y simpatía.

     (De: Agua que no has de beber)

CONTRA LA FLOR DE LA CANELA

Para hacer el amor

debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,

tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra

para hacer el amor.

Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos

pero la arena gruesa es mejor todavía.

Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso nicerca de las aguas.

Poco reino es la cama para este buen amor.

Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:

que ningún valle o monte quede oculto y los amantes

podrán holgarse en todos su caminos.

La oscuridad no guarda el buen amor.

El cielo debe ser azul y amable, lilmpio y redondo como un techo

y entonces

la muchacha no verá el Dedo de Dios.

Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,

los pulmones abiertos,

las frases cortas.

Es difícil hacer el amor pero se aprende.

     (De: Agua que no has de beber).

 LA CASA DE PUNTA NEGRA

Primero

se marcaron las fronteras

con estacas y cal,

y las antiguas tribus

que habitaban los campos

- culebras, lagartijas -

fueron muertas

sobre la tierra plana:

sólo manchas de sal

y restos de gaviotas

como toda heredad,

y en los últimos días

del verano

llegaron los camiones

con ladrillos

y arena de agua dulce:

así vi edificarse

ante mis ojos

Tebas, 

Jerusalem,

Nínive,

Roma,

Atenas,

Babilonia,

y apenas la casa

fue techada

hubimos gran fiesta:

el maestro albañil

hizo una cruz de palo

y amarré

geranios,

mimosas,

lluvia-de-oro,

hubimos también

panes con carne asada

y yerbas

y cebollas

- un bosque de botellas

de cerveza -

y el mar era una loma

de algas muertas

mezcladas con la niebla:

los pelícanos viejos

celebraron mi canto

antes de alimentar

a las arañas,

a los cangrejos peludos

de las rocas.

La casa fue clavada

con la cara al Oeste,

a más de 80 metros

de las aguas

en arenas seguras

- y ese sol -

tras los muros del Este

 los camiones

y los autos veloces

ardían en la brea

como torres de paja,

y al fondo

inacabables

las colinas de arcilla,

el aire rojo,

los perros salvajes,

y fue todo,

y ese mar

ya no puede lavarnos

otra vez

- aunque brillé

en los 7 veranos -

(y yo fui

dorado,

alegre,

veloz)

y busco  algunas veces

esas piedras

chatas

y redondas

para tirar al agua

- revuleta a 87

millas-sur

de esta vieja caverna

edificada

en la isla del viento

donde llevan

los hombres

a sus muertos

colgados

de la espalda

y brilla

este mal sol

más frío

que un cangrejo

entre la boca:

el parque de St James

sembrado de muchachos

y muchachas

que se enredan

como blandas culebras

bajo el aire

( y fue un desenredarme

y enredarme

sobre todos los campos

de la sal

y la arena mojada,

antes de la caída

de este Imperio).

     (De: Como higuera en un campo de golf)

LA HERMANDAD DEL NIÑO

I

Aquí todos somos de la Hermandad del Niño.

Pocos son los gentiles.

Los Aguirre Huamán en La Tablada.

Los Palma y los Aguirre

- otros Aguirre que llegaron del Norte -

en playa Arica.

(Jacinto Palma, el viejo,

se volvió evangelista por divorcio).

Pero aquí todos somos de la Hermandad del Niño.

Quién va a hacerse a la mar sin un palmo

de esa arena morada, la de Chilca

(también de Punta Negra).

La arenilla del Niño.

Y nadie va a la siembra solo como un ladrón.

Aquí todos somos de la Hermandad del Niño.

Pocos son los gentiles.

    (De: Crónica del Niño Jesús de Chilca).

LOS EPIGRAMAS DEL MAESTRO ANSELMO HURTADO

III

LA CATEDRAL

La catedral de Chilca es la más vieja

de toda la provincia.

Es rica porque Chilca era muy rica

cuando Carlos de España la fundó.

Tiene más ángeles y santos

qe la iglesia de Lurín

( y tenía mucho oro hasta que lo robaron).

Es más alta que todas las casas de Chilca

una encima de la otra.

Cuando vengo borracho

en la góndola azul de Lima - mala,

sé que estamos en Chilca

porque en la carretera vibra la catedral.

(De: Crónica del Niño Jesús de Chilca).

Arturo Corcuera y Noé delirante

miércoles, 09 de febrero del 2011 a las 15:41

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Arturo Corcuera era uno de mis poetas favoritos, antes de conocerlo en persona, apenas leí "Noé delirante", en la limpia y atractiva edición de 1966 (Madrid, ed. Jonás), en un tamaño acorde con su presencia niña de entonces, aunque ya contaba con la importantísima opinión del crítico español Carlos Bousoño: "Pocas veces llega a nuestras manos un libro de verdadera poesía. De ahí mi sorpresa al leer este libro del poeta peruano Arturo Corcuera. Lo primero que llama la atención en él es su riqueza imaginativa, su capacidad de apresar en rápido esguince intuitivo la relación oculta y necesaria entre dos cosas aparentemente remotas (...) En el actual panorama de la poesía, generalizadamente monótono, salvadas ciertas excepciones, la poesía de Corcuera que logra no sólo conmover, sino caracterizadamente sorprender, es algo así como un refrigerio y un oreo que el lector agradece". 

El libro fue creciendo con los años, en un crecimiento integral. Las ilustraciones de Tilsa Tsuchiya lo convirtieron  en un deleite de texto e imagen, singular en la poesía. Hoy es una obra famosa en la poesía de lengua española. Formalmente, tiene la siguiente estructura:

- Libro Primero. Presagios del diluvio. Comprende: La ventana del arca, Noé y los diablos azules, El arca y sus ojos de buey, En el monte de Hollywood.

- Libro Segundo. De los duendes y la villa de Santa Inés. Abarca: Salió Noé con sus hijos y su mujer, Nadiana recorre el Parque de las Leyendas, Ana Daniela se extravía en la casa de los espejos, Desde la ventana Rosamar espía el arca y Preguntas de Javier el adivino.

- Libro Tercero. Inauguración del otoño.

- Mi antiguo y nuevo testamento (Colofón).

- Óleos, retratos, objetos, afiches.

El autor, desde la primera vez que pude verlo, cerca de la iglesia de San Francisco de Lima, me pareció bastante serio, hasta un poco indiferente o frío. Pero, tras una observación menos superficial,  la mirada de Arturo delataba un alma llena de inquietudes para detectar los juegos de este mundo, lo gracioso y tierno de lo más elemental de los vivientes, que fue dando forma a cada figura que encontramos en "Noé Delirante". 

Para nuestro deleite, algunos poemas:

FÁBULA DEL CANARIO

                           A Alejandro Romualdo

1

Trino,

lloro

fino,

rubia

lluvia

de oro.

2

Saltando

de alba en alba,

en una y otra rama

extiende su estribillo.

 

Cantarina jaula,

breve cántaro de cantos,

amarilla fontana.

 

El canario es el grillo

en la edición de la mañana.

FÁBULA Y SEMBLANZA DEL SALTAMONTES

Salta ríos,

salta bosques,

sueña saltar horizontes

- humildemente -

el atlético

saltamontes

FÁBULA Y METÁFORA DEL GALLO

Reloj despertador,

hijo apócrifo del papagayo,

pico alerta y clarinero.

 

 ¿Qué tiene el gallo

que se ha callado?

 

- Hay que llevarlo al relojero. 

 

FÁBULA DEL DRAGÓN Y EL OSO

En el aire de porcelana,

una pajarita de papel

y un osito panda

pinta, burla

burlando, el Dragón

Rojo.

 

Danza su vecino

el Oso y, burla

burlando, lo lentea

de reojo.

FÁBULA DE BUGS BUNNY

Viaja por el mundo

con su pata de conejo,

su sonrisa de conejo,

sus orejas y su traza

de conejo.

 

Bien provisto de valija:

hot dog, many dollars,

tabaco rubio,

cámaras Kodak

y repleta la vejiga

de Coca Cola.

En todas las ciudades:

"¡Bugs, go home!"

"¡Bugs, go home!"

 

Se le advierte y

se le advierte,

pero no le funcionan

las orejas

al Conejo de la Suerte.

FÁBULA DE RICO MC PATO, TÍO DE DONALD

Pato pata amarilla,

pato coupé,

pago Ford

de acornetado claxon

prepotente.

 

Non el pato de Pekín,

non el pato golondrino,

non la oca silvestre.

Es Rico Mc Pato,

tío de Donald,

sombrero texano,

líder Pato de Occidente.

 

Ala que alardea,

nada urraqueando,

de yate en yate

zambulléndose

en agua ajena.

 

Pato de disneylandia,

pato rico, pato

antipático de ruidosa

bocina: Mc Pa-to,

Mc Pa-to, Mc...

Pato mentecato,

presto ansiamos verte

guisado en el plato.

SERRANILLAS

1

Inquiere la campesina:

¿de dónde sacan las flores

su anilina?

2

¿Sentirá frío la oveja

si tirándola de un hilo

se desmadeja?

3

¿Suéter amarillo

sueña volverse la oveja

ahora que se hizo ovillo?

EL CABALLO Y SU SOMBRA

               A Carlos Bousoño

Silenciosa

al galope pasa

la sombra de un caballo blanco.

¿Y el caballo?

¿Y el jinete?

¿El jinete no llevaba sombra?

¿Por qué sola y blanca

la sombra del  caballo?

¿Qué callan las herraduras,

por qué callan?

 

Al galope pasa

hasta percerde en el horizonte,

presa de espanto la sombra indómita

del caballo sin rumbo.

DESTINO CIERTO

Nacimos tierra fértil

entyre agua limpia.

Somos el valle, el bosque,

la campiña, los ríos,

la indómita cascada.

 

Yo sé de dónde venimos

y a dónde arribaremos.

De tierra y agua somos

y en tierra y agua

nos convertiremos.

José María Arguedas en la literatura peruana

martes, 18 de enero del 2011 a las 19:31

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En el tumultuoso crecimiento de la sociedad peruana, existen muchas formas de explicar nuestro país, sus expresiones culturales, su literatura. Creo que esta múltiple versión para definirnos como peruanos obedece a puntos de partida también múltiples en cada quien nacido en este territorio.

La visión de José María Arguedas (Andahuaylas, 1911 - Lima, 1970) pugna por lograr  un armónico desarrollo de nuestras sociedades, a partir del respeto entre los múltiples grupos humanos, sus lenguas y su cultura.  Es lo que apreciamos con claridad en trabajos como Formación de una cultura nacional indoamericana. Arguedas y su obra cuentan con todos los atributos para hacer de él un portavoz de la cultura propia del mundo andino, que por lo demás es  de presencia milenaria.

Algunos críticos tienen una percepción errónea y de racismo , turística y discriminatoria de lo que es la literatura y la antropología de  Arguedas  cuando sostienen que cultiva una "utopía arcaica". Esta percepción es siempre superficial y externa frente a  quienes vivieron y viven en  carne y hueso las raíces culturales quechuas, entre otras.

Para nosotros, mientras aprendíamos a leer en el campo, junto al balido de las ovejas o el mugido de los toros, en mañanas llenas de rocío o en atardeceres llenos de los olores de las flores y de la madre tierra, Arguedas resultó el más cercano de los narradores, el que contaba nuestras vidas con un lirismo enriquecido por símbolos y metáforas. En el Ande, todos los del campo hemos visto, cultivado y amado   paisajes y seres humanos similares a los que él fue describiendo a lo largo de sus cuentos, de sus novelas y de sus ensayos. Era el hermano mayor que hablaba como nosotros, el factor vital para enaltecer nuestro modus vivendi, el que nos daba carta de ciudadanía para la convivencia entre el quechua y el español avecindado desde hace un tiempo. 

Arguedas comprendió la dificultad de un país sólidamente integrado, pero su mensaje fue una lucha permanente en busca de unidad respetando las diferencias. Y para mayor entendimiento, asumió el rol de maestro y narrador, desligado de toda vanidad. Lo esencial consistía en  que los no andinos lo entendieran.  Con ese espíritu, relató su vida en el Primer Encuentro de Narradores Peruanos. El certamen fue celebrado en Arequipa,  el año 1965. Aunque lo indio y la blanco manifiestos en este testimonio hoy no parecen en pugna, hay otros factores similares, más o menos encubiertos, que alimentan la discriminación en algunos sectores ultraconservadores, impermeables y cerrados. "Te quieren" y no te quieren...

TESTIMONIO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

Voy a hacerles una confesión un poco curiosa: yo soy hechura de mi madrastra. Mi madre murió cuando yo tenía dos años y medio. Mi padre se casó en segundas nupcias con una mujer que tenía tres hijos; yo era el menor y como era muy pequeño me dejó en la casa de mi madrastra, que era dueña de la mitad del pueblo; tenía mucha servidumbre indígena y el tradicional menosprecio e ignorancia de lo que era un indio, y como a mí me tenía tanto desprecio y tanto rencor como a los indios, decidió que yo había de vivir con ellos en la cocina, comer y dormir allí. Mi cama fue una batea de esas en que se amasa harina para hacer pan, todos las conocemos. Sobre unos pellejos y con una frazada un poco sucia, pero bien abrigadora, pasaba las noches conversando y viviendo tan bien que si mi madrastra lo hubiera sabido me habría llevado a su lado, donde sí me hubiera atormentado.

Así viví muchos años. cuando mi padre venía a la capital del distrito, entonces era subido al comedor, se me limpiaba un poco la ropa, pasaba el domingo, mi padre volvía a la capital de la provincia y yo a la batea, a los piojos de los indios. Los indios y especialmente las indias vieron en mí exactamente como si fuera uno de ellos, con la diferencia de que por ser blanco acaso necesitaba más consuelo que ellos... y me lo dieron a manos llenas. Pero algo de triste y de poderoso al mismo tiempo debe tener el consuelo que los que sufren dan a los que sufren más, y quedaron en mi naturaleza dos cosas muy sólidamente desde que aprendí a hablar: la ternura y el amor sin límites de los indios, el amor que se tienen entre ellos mismos y que les tienen a la naturaleza, a las montañas, a los ríos, a las aves; y el odio que tenían a quienes, casi incoscientemente, y como una especie de mandato Supremo, les hacían padecer. Mi niñez pasó quemada entre el fuego y el amor.

Pero no solamente he sido hechura de mi madrastra, hubo otro modelador tan eficaz cmo ella, un poco más bruto: mi hermanastro. Cuando yo tenía siete años de edad, me obligaba a que me levantara a las seis de la mañana a traerle su potro negro de una chacra muy grande; y los potros y los caballos de raza fina son muy caprichosos porque son aristocráticos: unas veces se dejaba agarrar con gran mansedumbre, pero otras veces me hacía sudar más de una hora hasta poder enlazarlo. Si llegaba tarde, mi hermanastro, que tenía unos veinte años cuando yo tenía siete, me trataba muy mal delante de la servidumbre. Un día, por una cosa que no puedo contar aquí, que la contaré quizás en nuestras reuniones de mesa redonda, me hizo algo. Lo había acompañado de paje para una aventura que no se puede confesar en público... Me hacía montar en un burro creyendo humillarme. El burro se llamaba "Azulejo". Nunca hubo amigos que se amaron más que yo y el burro. También en eso estaba tan equivocado como mi madrastra.  Me dejó cuidando su potro negro que había comprado con veinte bueyes y doscientos carneros, y cuando regresó de su aventura indecible me reprochó que había hecho perder su poncho de vicuña, aunque no me constaba que hubiera estado sobre la montura. Levantó el rebenque para pegarme en la cara pero se arrepintió a última hora, montó el potro y espoleándolo se fue cuesta arriba a toda velocidad, mientras yo me iba conversando con, quizás , uno de los mejores amigos que he tenido en este mundo: el "Azulejo" inmortal. Cuando llegué a la cocina me puse a comer; a mí la servidumbre me trataba mucho mejor que a los patrones; entró mi hermanastro, yo estaba tomando sopa y tenía un plato de riquísimo mote a un lado con su pedacito de queso; él me quitó el plato de la mano y me lo tiró a la cara, diciéndome: "no vales ni lo que comes", que es una cosa que se suele decir muy frecuentemente. Yo salí de la casa, atravesé un pequeño riachuelo, al otro lado había un excelente campo de maíz, me tiré boca abajo en el maizal y pedí a Dios que me mandara la muerte. Yo no sé cuánto tiempo estuve llorando, pero cuando reaccioné ya era la noche. Mi buen hermanastro se había asustado un poco y me estaba haciendo buscar por todas partes, y la única vez que se alegró de verme fue cuando regresé a la casa esa noche.

Pero tuve también la fortuna de participar en la vida de la capital de provincia que es Puquio, una formidable comunidad de indios con muchas tierras, que nunca dejaron que los señores abusaran de ellos. El mal trato tenía un límite, si los señores pasaban ese límite podrían recibir y recibieron una buena respuesta de los cuatro ayllus de la comunidad de Puquio. En San Juan de Lucanas, donde vivieron estos señores cuya crueldad nunca agradeceré lo suficiente, aprendí el amor y el odio; en Puquio, viendo trabajar en faena a los comuneros de los cuatro ayllus, asistiendo a sus cabildos, sentí la incontenible, la infinita fuerza de las comunidades de indios, esos indios que hicieron en veintiocho días ciento cincuenta kilómetros de carretera que trazó el cura del pueblo. Cuando entregaron el primer camión al Alcalde, le dijeron: "Ahí tiene usted, señor, el camión, parece que la fuerza le viene de las muchas ventosidades que lanza, ahí lo tiene, a ustedes los va a beneficiar más que a nosotros"; mentira, se beneficiaron mucho más los indios, porque el carnero que costaba cincuenta centavos, después costó cinco soles, luego diez, luego cincuenta y los indios se enriquecieron a tal punto que alcanzaron un nivel de vida y una independencia económica tan fuerte que se volvieron insolentes y la mayoría de los señores de Puquio se fueron a Lima, poque no pudieron resistir más la arrogancia de estos comuneros. Pero el Varayoc o Alcalde de Chaupi, al momento de hacer la entrega del camión, les dijo al Subprefecto y al Alcalde: "En veintiocho días hemos hecho esa carretera, señores, pero eso no es nada; cuando nosotros lo decidamos podemos hacer un túnel que atraviese estos cerros y llegue hasta la orilla del mar; lo podemos hacer, para eso tenemos fuerzas suficientes". Yo fui testigo de estos acontecimientos. Todo este mundo fue mi mulndo.

Luego empecé a recorrer el Perú por todas partes, llegué a Arequipa en 1924 y fui honorable huésped de la Casa Rosada(*). De aquí fui al Cuzco, del Cuzco a Abancay, de Abancay a Chalhuanca, de Chalhuanca luego a Puquio, a Coracora, a Yauyos, a Pampas, a Huancayo, a una cantidad de pueblos y tuve la fortuna de hacer un viaje a caballo del Cuzco hasta Ica: catorce días de jornada.

Ingresé y nunca fui tratado como serrano en San Marcos. En donde sí me trataron como serrano y con mano dura fue en el Colegio "San Luis Gonzaga" de Ica, pero yo también los traté con mano dura. El Secretario del Colegio, que se apellidaba Bolívar, me dijo cuando vio mi libreta con veintes: "¡estos serranitos!, siempre les ponen veintes en las libretas porque recitan un versito cualquiera: aquí lo voy a ver sacar veintes". Me vio y batí el récord de los veintes en toda la historia de "San Luis Gonzaga", porque era una responsabilidad del serrano hacerlo y lo hice.

En Lima, no he sido un defensor de los serranos, he sido un defensor de los costeños, porque los costeños y especialmente los escritores de mi generación me trataron, diré honradamente, con una cordialidad tan auténtica y hasta con cierto respeto. El primer amigo que tuve fue Luis Felipe Alarco, que pertenece a la aristocracia de Lima. Me asusté cuando entré a su casa con los muebles, los salones, los espejos y los muchos cubiertos que me pusieron en la mesa, que yo no sabía manejar bien. Pero ahí estaba Luis Felipe mirándome con un afecto que casi era proporcionalmente tan bueno como el de los sirvientes, concertados y lacayos de mi madrastra, que en paz descanse. Después fui amigo de gentes que ahora son importantes, de Carlos Cueto, de Emilio Westphalen, de Luis Fabio Xammar; no tuve la fortuna de conocer a Ciro, porque lo habían largado: era demasiado peligroso para vivir en el Perú. Una de las experiencias que recuerdo con más... (no encuentro un término especial para describirlo), con un sentimiento entre admiración y espanto, fue un diálogo terrible entre los tres conversadores más agudos, más crueles e implacables que ha tenido la ciudad de Lima: Martín Adán, Enrique Bustamante y Ballivián y Raúl Porras Barrenechea, los tres juntos, como para liquidar al género humano. Nunca tuve, ni en los mejores libros, ni en los mejores libros de poemas o de filosofía, la sensación del poder del castellano que en la boca de estas maravillosas víboras.

Yo comencé a escribir cuando leí las primeras narraciones sobre los indios, los describían de una forma tan falsa escritores a quienes yo respeto, de quienes he recibido lecciones, como López Albújar, como Ventura García Calderón. López Albújar conocía a los indios desde su despacho de Juez en asuntos penales y el señor Ventura García Calderón no sé cómo había oído hablar de ellos. Yo tenía una convicción absolutamente instintiva de que el poder del Perú estaba no solamente entre la gente de las grandes ciudades, sino que sobre todo estaba en el campo y estaba en las comunidades donde hay, por lo menos en las comunidades que mejor conozco, una regla de conducta, que si se impusiera entre todos nosotros, pues haríamos una carretera de aquí hasta New York también en veintiocho días: "que no haya rabia", esa es la regla: "que no haya rabia". En estos relatos estaba tan desfigurado el indio y tan meloso y tonto el paisaje o tan extraño que dije: "No, yo lo tengo que escribir tal cual es, porque yo lo he gozado, yo lo he sufrido" y escribí esos primeros relatos que se publicaron en el pequeño libro que se llama Agua. Lo leía a estas gentes tan inteligentes como Westphalen, Cueto y Luis Felipe Alaarco. El relato les pareció muy bien. Yo lo había escrito en el mejor castellano que podía emplear, que era bastante corto, porque yo aprendí a hablar el castellano con cierta eficiencia después de los ocho años, hasta entonces sólo hablaba quechua. Y sin que esto sea nada en contra de mi padre, que es lo más grande que he tenido en este mundo,  a veces mi padre se avergonzaba que yo entrara a reuniones que tenía con gente importante, porque hablaba pésimamente el castellano. Cuando yo leí ese relato, en ese castellano tradicional, me pareció horrible, me pareció que había disfrazado el mundo tanto casi como las personas contra quienes intentaba escribir y a quienes pretendía rectificar. Ante la consternación de estos mis amigos, rompí todas esas páginas. Unos seis o siete meses después, las escribí en una forma completamente distinta, mezclando un poco la sintaxis quechua dentro del castellano, en una pelea verdaderamente infernal con la lengua. Guardé este relato un tiempo, yo era empleado de correos, estaba una tarde de turno y en una hora en que no había mucho público lo leí y el relato era lo que yo había deseado que fuera y así se publicó

Bueno, pero me estoy pasando de la hora y tengo que leer un poco. En síntesis, no me gradué en la universidad: cuando estaba estudiando el cuarto año, uno de los buenos Dictadores que hemos tenido me mandó al Sexto, prisión que fue tan buena como mi madrastra, exactamente tan generosa como ella. Allí conocí lo mejor del Perú y lo peor del Perú, salí y fui enviado como profesor al Colegio de Sicuani, luego volví a Lima y concluí estudios de Antropología. He recorrido un poco Europa y acabo de venir de los Estados Unidos. Es decir, cuando publiqué mi penúltimo libro, Los ríos profundos, alcancé a tener algún prestigio en Lima, y entonces señores muy importantes, unos verdaderos amigos de los escritores, y otros que gustan mostrar a los escritores como una decoración de sus salones, me invitaron a sus casas y alterné un poco con la alta sociedad de Lima. Desgraciadamente desaproveché alguna de las oportunidades que me ofrecieron, porque no me sentía cómodo entre ellos, debía haber ido todas las veces para conocerlos mejor. Entonces puedo decirles, ya que nos han pedido que nos confesemos y para mí ustedes son confesores mucho más respetables que los que reciben confesiones en nuestras santas iglesias: yo he tenido la fortuna de recorrer con la vida casi todas las escalas y jerarquías sociales del Perú, incluso he llegado a ser Director de Cultura... Conozco el Perú a través de la vida y entonces intenté escribir una novela en que mostrara todas estas jerarquías con todo lo que tienen de promesa y todo lo que tienen de lastre. Somos un país formidable. Acabo de recorrer los Estados Unidos, es un país casi inconmensurable, pero si ellos tienen mil metros de hondura nosotros tenemos diez mil millones metros de hondura. Es un monstruo de grandeza, de fecundidad y de máquina, pero quizás no hay tanto corazón, ni tanto pensamiento, ni tanta generosidad como entre nosotros. Y escribí este libro, Todas las sangres, en que he intentado mostrarlo todo, de allí lo que pueda tener de bueno y lo que tiene de defectos. Hay tres personajes que son los más importantes, dos son fundamentales, dos heredan un gran feudo, los dos hermanos se odian a muerte por circunstancias especiales, ya han sido maldecidos por su padre, a quien han quitado sus bienes en vida; uno es de mentalidad completamente antigua y feudal, el otro ha sido educado en los Estados Unidos  y en Lima, es casi ingeniero, no llegó a ser ingeniero, y desea hacer del Perú un país muy como Norteamérica; el otro quiere aguantarlo para que siga siendo un país antiguo. En el fondo, uno de los dos hermanos lucha porque desea modernizar el país ( y debe modernizarse sin perder sus raíces antiguas) y el otro odia lo moderno porque considera que lo moderno es un peligro para la santidad del alma. Entre los dos, como cuña formidable, está un indio que sufrió todo cuanto un indio puede sufrir en Lima, el honorable Rendón Willka. Yo les voy a leer un trozo del libro, que les va a dar una idea de cuál es el contenido ambicioso de Todas las sangres.

Arguedas leyó, en ese Encuentro, un fragmento del Capítulo IV de su mencionada novela 

 OBRAS DE JMA: Agua(1935); Canto kechua (1938); Runa yupay(1939); Yawar fiesta (1941); Cusco(1947); Canciones y cuentos del pueblo quechua(1949); Diamantes y pedernales(1954); Evolución de las comunidades indígenas (1957); Los ríos profundos (1958); El sexto(1961); La agonía de Rasu Ñiti (1962); Todas las sangres(1965); Amor mundo y todos los cuentos (1967); Mitos, leyendas y cuentos peruanos (1970); El zorro de arriba y el zorro de abajo(1971); Formación de una cultura nacional indoamericana(1975).  

Mario Vargas Llosa: Nobel de Literatura 2010

jueves, 07 de octubre del 2010 a las 23:34

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 "Por su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes mordaces de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo"

                                                                       - Academia Sueca.

"Usted ha encapsulado la historia de la sociedad del siglo veinte en una burbuja de imaginación. Esta se ha mantenido flotando en el aire durante cincuenta años y todavía reluce".

                                                       - Per Wästberg, de la Academia Sueca.

 1. LA TRAYECTORIA VITAL  Y LITERARIA

Mario Vargas Llosa, reconocido finalmente y con toda justicia como Premio Nobel de Literatura 2010, surge ya como figura principal de la novelística hispanoamericana en la segunda mitad del siglo XX, al lado de Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez y otros escritores integrantes del "boom" de la novelística en nuestro continente.

MVLL es básicamente un realista, y a veces un regionalista, cuyas obras reflejan particularmente la convulsa realidad social peruana y  latinoamericana, sacudida por conflictos de tipo racial, sexual, moral y político.

 La representación artística de esa problemática no es, sin embargo, mimética o naturalista, sino que incorpora las técnicas narrativas más innovadoras de la novela contemporánea (multiplicidad de focos narrativos, montaje de planos espacio-temporales, efectos expresionistas, monólogo interior). Es, por la fecundidad, riqueza y hondura de su obra creadora y por su continua presencia en el debate sobre asuntos relativos a libertad, violencia, censura y justicia, una de las personalidades intelectuales más activas e influyentes de la actualidad. Ha sido traducido a numerosísimas lenguas y ha ganado los mayores premios literarios internacionales, entre ellos el Premio Cervantes. En 1995, fue elegido académico de número de la Real Academia Española, y en 1996 leyó su discurso de ingreso sobre Azorín.

 Nació en Arequipa (1936) y estudió en ese lugar, Bolivia, Piura y Lima. En 1959 viajó a París y luego a Madrid, donde estudió y publicó su primer libro, Los jefes, una colección de cuentos. Pasó un largo tiempo en exilio voluntario, primero en París, después en Barcelona y finalmente en Londres. Entre 1974 y 1990 tuvo una mayor permanencia en el Perú.

 Alcanzó la fama por primera vez al ganar el importante Premio Biblioteca Breve, de Barcelona, con su novela La ciudad y los perros (1963), que es una de las expresiones más características de ese momento de renovación en la novelística hispanoamericana que se conoce como "el boom", del cual era el representante más joven. La novela reelabora sus experiencias en el Colegio Militar Leoncio Prado, con imágenes de gran violencia, tensión dramática y cuestionamiento moral sobre autenticidad, responsabilidad y heroísmo.

 La destreza técnica y el virtuosismo de su lenguaje narrativo son todavía mayores en las dos siguientes novelas: La casa verde (1966), que aprovecha memorias de sus años en Piura para componer un gran mural de acción y degradación sexual; y Conversación en la Catedral (1969), que transcurre durante los oscuros años de la dictadura de Manuel A. Odría (1948-1956) intentando un vasto análisis de los círculos del poder, el mundillo del periodismo amarillo y los cabarés de mala muerte. En 1967 publicó su notable relato Los cachorros.

 La rigurosa objetividad y la indeclinable tensión con las que plantea sus conflictos, cede un poco en la segunda etapa de su producción novelística, que se distingue por toques de humor grotesco, como en Pantaleón y las visitadoras (1973), o por retratarse a sí mismo en su relato, como en La tía Julia y el escribidor (1977), en la que narra episodios de su primer matrimonio y sus comienzos literarios. La guerra del fin del mundo (1981) es una vuelta al estilo de composición épica de su primera etapa y una rara incursión en el mundo sociopolítico del Brasil de fines del siglo XIX, siguiendo el modelo de gran reportaje establecido por Euclides da Cunha.

 En su obra al final del siglo XX se entremezclan las novelas cuyo tema es esencialmente político, como en Historia de Mayta (1984) y Lituma en los Andes (1993), con las más ligeras de corte detectivesco, como en  ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986) o erótico, como en Elogio de la madrastra (1988). El hablador (1987) señala un retorno al mundo de la selva, uno de sus ambientes favoritos, para contar una historia sobre identidades culturales y diferencias antropológicas. Una importante porción de su obra ensayística puede leerse en Contra viento y marea (1983-1990).

 Sus memorias tituladas El pez en el agua (1993) ofrecen un apasionante y minucioso recuento de su experiencia como frustrado candidato presidencial en las elecciones peruanas de 1990. Ha escrito además libros de crítica literaria, obras teatrales e incontables páginas periodísticas en diversos lugares del mundo.

2. PREMIOS MÁS SIGNIFICATIVOS

1959: Premio Leopoldo Alas, España, por Los jefes.

1963: Premio Biblioteca Breve, Seix Barral, España, por La ciudad y los perros.

1967: Premio Internacional de Literatura Rómulo Gallegos, Venezuela.

1986: Premio Príncipe de Asturias de Letras, España.

1993: Premio Planeta, España, por Lituma en los Andes.

1994: Premio Cervantes, España.

2010, Premio Nobel de Literatura.

3. LA PRODUCCIÓN LITERARIA DE MVLL

El desafío, relato (1957); Los jefes, colección de cuentos (1959); La ciudad y los perros, novela (1963); La casa verde, novela (1966); Los cachorros, relato (1967); Conversación en La Catedral, novela (1969); Carta de batalla por Tirant lo Blanc, prólogo a la novela de Joanot Martorell (1969); Historia secreta de una novela, ensayo (1969); García Márquez: historia de un deicidio, ensayo literario (1971); Pantaleón y las visitadoras, novela (1973); La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary, ensayo literario (1975); La tía Julia y el escribidor, novela (1977); La señorita de Tacna, teatro (1981); La guerra del fin del mundo, novela (1981); Entre Sartre y Camus, ensayos (1981); Kathie y el hipopótamo, teatro (1983); Contra viento y marea, ensayos políticos y literarios (1983); Historia de Mayta, novela (1984); La suntuosa abundancia, ensayo sobre Fernando Botero (1984); Contra viento y marea, volúmenes I (1962-1972) y II (1972-1983), (1986); La Chunga, teatro (1986); ¿Quién mató a Palomino Molero?, novela policial (1986); El hablador, novela (1987); Elogio de la madrastra, novela (1988); Contra viento y marea, volumen III (1983-1990), (1990); La verdad de las mentiras, ensayos literarios (1990); A Writer's Reality, colección de conferencias dictadas en la Universidad de Siracusa (1991); Un hombre triste y feroz, ensayo sobre George Grosz (1992); El pez en el agua, memorias (1993); El loco de los balcones, teatro (1993); Lituma en los Andes, novela (1993); Desafíos a la libertad, ensayos sobre la cultura de la libertad (1994); Ojos bonitos, cuadros feos, obra dramática para radio (1994); La utopía arcaica, José María Arguedas y las ficciones del indigenismo, ensayo (1996); Making Waves, selección de ensayos de Contra viento y marea, publicado sólo en inglés (1996); Los cuadernos de don Rigoberto, novela (1997); Cartas a un joven novelista, ensayo literario (1997); La fiesta del Chivo, novela (2000); Nationalismus als neue Bedrohung, selección de ensayos políticos, publicado sólo en alemán (2000); El lenguaje de la pasión, selección de artículos de la serie Piedra de toque (2001); El paraíso en la otra esquina, novela (2003); Diario de Irak, selección de artículos sobre la guerra en Irak (2003); La tentación de lo imposible, ensayo sobre Los Miserables de Víctor Hugo (2004); Un demi-siècle avec Borges, entrevista y ensayos sobre Borges, publicado sólo en francés (2004); Travesuras de la niña  mala, novela (2006);Odiseo y Penélope,teatro (2007);  Al pie del Támesis, teatro (2007); Las mil y una noches, teatro (2008); El sueño del celta, novela (2010). El célebre novelista tiene también Fonchito y la luna (2010) para el público infantil.

Las obras de Mario Vargas Llosa han sido traducidos al francés, italiano, portugués, catalán, inglés, alemán, holandés, polaco, rumano, húngaro, búlgaro, checo, ruso, lituano, estonio, eslovaco, ucraniano, esloveno, croata, sueco, noruego, danés, finlandés, islandés, griego, hebreo, turco, árabe, japonés, chino, coreano y malayo.

 4. REFERENCIA ARGUMENTAL DE ALGUNAS NOVELAS

La ciudad y los perros. 1963

Novela sobre la vida militar de los jóvenes cadetes del Leoncio Prado, y su interacción en un medio hostil y violento donde se desenvuelve las historias de los personajes. Delinea una sutil crítica a las instituciones castrenses cuya formación educativa forma alumnos carentes de convicciones, preocupados por la supervivencia dentro del ambiente donde se desenvuelven. Con esta obra el escritor alcanzó el Premio Biblioteca Breve de 1963.

La casa verde. 1966

Novela sobre  un emblemático prostíbulo llamado La Casa Verde , donde se mezcla las vidas de diversas personas alrededor de intrigas y confidencias. Ambientada en el desierto piurano y la selva. Aclamada obra del escritor con la cual consiguió el Premio Rómulo Gallegos, y donde utilizó innovadoras técnicas narrativas.

Pantaleón y las visitadoras. 1973

Pantaleón Pantoja, un capitán del ejército recientemente ascendido, recibe la misión de establecer un servicio de prostitución para las fuerzas armadas del Perú en el más absoluto secreto militar. Estricto cumplidor del deber que le ha sido asignado, Pantaleón se traslada a Iquitos, en plena selva, para llevar a cabo su cometido, pero se entrega a esta misión con tal obcecación que termina por poner en peligro el engranaje que él mismo ha puesto en movimiento.

Los cuadernos de Don Rigoberto. 1997. 

Los cuadernos de don Rigoberto es mucho más que una novela erótica. Es también una novela sobre la realidad y el deseo, sobre cómo la vida de la imaginación puede compensar los estrechos gestos de la vida real. Don Rigoberto, el narrador, con una audaz imaginación elabora fantasías creando un abarcador sentido del placer. Escribe a partir de las sugerencias de obras literarias, pinturas o estímulos musicales.  A los que hayan disfrutado de la novela el Elogio de la madrastra, les complacerá encontrar continuidad de personajes, tono, y táctiles "vasos comunicantes" -- como llama Vargas Llosa a las relaciones entre los textos -- entre las dos novelas. 

"Lo erótico es la dignificación del sexo a través de la fantasía y la cultura," recuerda Mario Vargas Llosa.

La fiesta del Chivo. 2000 

Una voz femenina bajo el nombre de Urania lleva la batuta cantante en la narración de La fiesta del Chivo.  Esta vez, Vargas Llosa se detiene en el contexto de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en la República Dominicana.  Preocupado por lo que ha llamado "la colonización del espíritu", Vargas Llosa ha dicho que la paralización política que sintieron los que tuvieron que lidiar con el cadáver de Trujillo una vez que lo mataron, fue lo que le inspiró a inventar verdades con mentiras en torno al control íntegro que cala hasta los sueños de los que viven una dictadura. 

La narración se extiende por tres décadas, desde el ascenso al poder en 1931 hasta el año de muerte de Trujillo en 1961.  Vargas Llosa afirma la necesidad de entender el fenómeno de la dictadura desde una perspectiva que permita juzgar sin reducciones caricaturescas a personajes tan recurrentes como lo son los tiranos en los cuerpos políticos latinoamericanos.

Urania Cabral había salido de la isla y en la novela regresa a la patria en busca de explicaciones y continuidades con la realidad.  Trujillo, amante que fue de halagos publicados en periódicos, sobre todo los que hablaban de su madre como la matrona del país, regresa a vivir en el mundo de la ficción.  El poder de seducción que ofrece el carisma del dictador ofrece una tenebrosa oportunidad de cuestionar su poder. 

El paraíso en la otra esquina. 2003   

El paraíso en la otra esquina narra la historia de Flora Tristán y la de su nieto, el gran pintor Paul Gauguin. Entre el nacimiento de la abuela y la muerte de su nieto ha pasado exactamente un siglo, el XIX.

No llegaron a conocerse; Paul nació cuatro años después de la muerte de Flora, pero ambos soñaron, cada uno a su manera, con un mundo mejor. Flora buscó y luchó por una sociedad más justa. Paul, que no era tan altruista, buscó una perfección de tipo artístico, una sociedad en la que la belleza no fuera sólo patrimonio del arte y de los artistas, que fuera una realidad a la que todos tuvieran acceso.

La abuela y el nieto tenían unas características similares: una terquedad impresionante y una voluntad a prueba de balas. Por eso eran personajes extraordinarios.

El sueño del celta. 2010

La novela cuenta las peripecias del irlandés Roger Casement, héroe y villano, traidor y libertario, moral e inmoral, cuya figura es rescatada luego de su muerte. Las experiencias extraordinarias de Casement se inician en 1903, cuando recorre regiones del Congo y el Amazonas. Todo culmina con su ajusticiamiento en una cárcel de Londres, el año 1916.

Casement fue uno de los primeros europeos en denunciar los horrores del colonialismo. De sus viajes al Congo Belga y a la Amazonía sudamericana quedaron dos informes memorables que conmocionaron a la sociedad de su tiempo. Estos dos viajes y lo que allí vio cambiarían las convicciones de Casement. Se enfrentó a los valores predominantes de Inglaterra. La lucha que asumió por la causa del nacionalismo irlandés lo llevó al triste final en una cárcel londinense.

También en la intimidad, Roger Casement fue un personaje múltiple: la publicación de fragmentos de unos diarios, de veracidad dudosa, en los últimos días de su vida, dieron a conocer unas escabrosas aventuras sexuales que le valieron el desprecio de muchos compatriotas.

5. UNA BREVE LECTURA

LOS CUADERNOS DE DON RIGOBERTO

 

INSTRUCCIONES PARA EL ARQUITECTO

Nuestro malentendido es de carácter conceptual. usted ha hecho ese bonito diseño de mi casa y de mi biblioteca partiendo del supuesto –muy extendido, por desgracia- de que en un hogar lo importante son las personas en vez de los objetos. No lo critico por hacer suyo este criterio, indispensable para un hombre de su profesión que no se resigne a prescindir de los clientes. Pero, mi concepción de mi futuro hogar es la opuesta. A saber: en ese pequeño espacio construido que llamaré mi mundo y que gobernarán mis caprichos, la primera prioridad la tendrán mis libros, cuadros y grabados; las personas seremos ciudadanos de segunda. Son esos cuatro millares de volúmenes y el centenar de lienzos y cartulinas estampadas lo que debe constituir la razón primordial del diseño que le he encargado. Usted subordinará la comodidad, la seguridad y la holgura de los humanos a las de aquellos objetos.

Es imprescindible el detalle de la chimenea, que debe poder convertirse en horno crematorio de libros y grabados sobrantes, a mi discreción. Por eso, su emplazamiento deberá estar muy cerca de los estantes y al alcance de mi asiento, pues me place jugar al inquisidor de calamidades literarias y artísticas, sentado, no de pie. Me explico. Los cuatro mil volúmenes y los cien grabados que poseo son números inflexibles. Nunca tendré más, para evitar la superabundancia y el desorden, pero nunca serán los mismos, pues se irán renovando sin cesar, hasta mi muerte. Lo que significa que, por cada libro que añado a mi biblioteca, elimino otro, y cada imagen – litografía, madera, xilografía, dibujo, punta seca, mixografía, óleo, acuarela, etcétera – que se incorpora a mi colección, desplaza a la menos favorecida de las demás. No le oculto que elegir a la víctima es arduo y, a veces, desgarrador, un dilema hamletiano que me angustia días, semanas, y que luego reconstruyen mis pesadillas. Al principio, regalaba los libros y grabados sacrificados a bibliotecas y museos públicos. Ahora los quemo, de ahí la importancia de la chimenea. Opté por esta fórmula drástica, que espolvorea el desasosiego de tener que elegir una víctima con la pimienta de estar cometiendo un sacrilegio cultural, una transgresión ética, el día, mejor dicho la noche, en que, habiendo decidido reemplazar con un hermoso Szyszlo inspirado en el mar de Paracas una reproducción de la multicolor lata de sopa Campbell’s de Andy Warhol, comprendí que era estúpido infligir a otros ojos una obra que había llegado a estimar indigna de los míos. Entonces, la eché al fuego. Viendo achicharrarse aquella cartulina, experimenté un vago remordimiento, lo admito. Ahora, ya no me ocurre. He enviado decenas de poetas románticos e indigenistas a las llamas y un número no menor de plásticos conceptuales, abstractos, informalistas, paisajistas, retratistas y sacros, para conservar el numerus clausus de mi biblioteca y pinacoteca, sin dolor, y, más bien, con la estimulante sensación de estar ejerciendo la critica literaria y la de arte como habría que hacerlo: de manera radical, irreversible y combustible. Añado, para acabar con este aparte, que el pasatiempo me divierte, pero no funciona para nada como afrodisíaco, y, por lo tanto, lo tengo como limitado y menor, meramente espiritual, sin  reverberaciones sobre el cuerpo.

Confío en que no tome lo que acaba de leer – la preponderancia que concedo a cuadros y libros  sobre bípedos de carne y hueso – como rapto de humor o pose de cínico. No es eso, sino una convicción arraigada, consecuencia de difíciles, pero, también, muy placenteras experiencias. No fue fácil para mí llegar a una postura que contradecía viejas tradiciones – llamémoslas humanísticas con una sonrisa en los labios – de filosofías y religiones antropocéntricas, para las que es inconcebible que el ser humano real, estructura de carne y huesos perecibles, sea considerado menos digno de interés y de respeto que el inventado, el que aparece (si se siente más cómodo con ello digamos reflejado) en las imágenes del arte y la literatura. Lo exonero de los detalles de esta historia y lo traslado a la conclusión que llegué y que ahora proclamo sin rubor. No es el mundo de bellacos semovientes del que usted y yo formamos parte el que me interesa, el que me hace gozar y sufrir, sino esa miríada de seres animados por la imaginación, los deseos y la destreza artística, presentes en esos cuadros, libros y grabados que con paciencia y amor de muchos años he conseguido reunir. La casa que voy a construir en Barranco, la que usted deberá diseñar rehaciendo de principio a fin el proyecto, es para ellos antes que para mí. o para mi flamante nueva esposa, o mi hijito. La trinidad que forma mi familia, dicho sin blasfemia, está al servicio de esos objetos y usted deberá estarlo también, cuando, luego de haber leído estas líneas, se incline sobre el tablero a rectificar lo que hizo mal.

Lo que acabo de escribir es una verdad literal, no una enigmática metáfora. Construyo esta casa para padecer y divertirme con ellos, por ellos y para ellos. Haga un esfuerzo por imitarme en el limitado período que trabajará para mí.

Ahora, dibuje.

La poesía esencial de Javier Heraud

miércoles, 12 de mayo del 2010 a las 18:59

 TAGS:Javier Heraud llegó a nosotros justo en el momento en que teníamos ansiedad de literatura nueva. Llegó con la frescura de su juventud. Eramos del mismo tiempo cronológico y entonces resultó nuestro símbolo generacional en vida y obra. Teníamos el anhelo de una patria libre de conflictos internos y externos,con menos pobreza, sin analfabetos. Nos parecía una absurda paradoja que, por ejemplo, Cerro de Pasco, La Oroya o Morococha no gozaran de sus riquezas y que a mediano plazo serían lugares devastados. A la par, la literatura era un camino para describir o explicar nuestras inquietudes vitales, con una rebelde actitud en contra de los moldes tradicionales en contenido y forma. 

En este escenario llegó Javier Heraud, con una poesia plena de naturaleza y vida, donde los humanos somos  siempre esenciales a la vez que transitorios. Un auténtico canto a esta naturaleza resultó entonces El río, primer libro que el poeta dio a conocer en 1960, apenas a los dieciocho años de edad. Ofrecemos el poema que dio nombre al libro. El poema, además de su fusión real y metafórica con la naturaleza, es de una sintaxis nueva en nuestro panorama literario y con un logro musical de primer orden.

EL RÍO

I

Yo soy un río,

voy bajando por

las piedras anchas,

voy bajando por

las rocas duras,

por el sendero

dibujado por el

viento.

Hay árboles a mi

alrededor sombreados

por la lluvia.

Yo soy un río,

bajo cada vez más

furiosamente,

más violentamente

bajo cada vez que un

puente me refleja

en sus arcos.

2

Yo soy un río

un río

un río

cristalino en la

mañana.

A veces soy

tierno y

bondadoso. Me

deslizo suavemente

por los valles fértiles,

doy de beber miles de veces

al ganado, a la gente dócil.

Los niños se me acercan de

día,

y

de noche trémulos amantes

apoyan sus ojos en los míos,

y hunden sus brazos

en la oscura claridad

de mis aguas fantasmales.

3

Yo soy el río.

Pero a veces soy

bravo

y fuerte,

pero a veces

no respeto ni a

la vida ni a la

muerte.

Bajo por las

atropelladas cascadas,

bajo con furia y con

rencor,

golpeo contra las

piedras más y más,

las hago una

a una pedazos

interminables.

Los animales

huyen,

huyen huyendo

cuando me desbordo

por los campos,

cuando siembro de

piedras pequeñas las

laderas,

cuando

inundo

las casas y los pastos,

cuando

inundo

las puertas y sus

corazones,

los cuerpos y

sus

corazones.

4

Y es aquí cuando

más me precipito.

Cuando puedo llegar

a

los corazones,

cuando puedo

cogerlos por la

sangre,

cuando puedo

mirarlos desde

adentro.

Y mi furia se

torna apacible,

y me vuelvo

árbol,

y me estanco

como un árbol,

y me silencio

como una piedra,

y callo como una

rosa sin espinas. 

5

Yo soy un río.

Yo soy el río

eterno de la

dicha. Ya siento

las brisas cercanas,

ya siento el viento

en mis mejillas,

y mi viaje a través

de montes, ríos,

lagos y praderas

se torna inacabable.

6

Yo soy el río que viaja en las riberas,

        árbol o piedra seca

yo soy el río que viaja en las orillas,

        puerto o corazón abierto

yo soy el río que viaja por los pastos,

        flor o rosa cortada

yo soy el río que viaja por las calles,

        tierra o cielo mojado

yo soy el río que viaja por los montes,

        roca o sal quemada

yo soy el río que viaja por las casas,

        mesa o silla colgada

yo soy el río que viaja dentro de los hombres,

        árbol     fruta

        rosa       piedra

        mesa     corazón

        corazón y puerta

        retornados.

7

Yo soy el río que canta

al mediodía y a los

hombres,

que canta ante sus

tumbas,

el que vuelve su rostro

ante los cauces sagrados.

8

Yo soy el río anochecido.

Ya bajo por las hondas

quebradas,

por los ignotos pueblos

olvidados,

por las ciudades

atestadas de público

en las vitrinas.

Yo soy el río,

ya voy por las praderas,

hay árboles a mi alrededor

cubiertos de palomas,

los árboles cantan con

el río,

los árboles cantan

con mi corazón de pájaro,

los ríos cantan con mis

brazos. 

9

Llegará  la hora

en que tendré que

desembocar en los

océanos,

que mezclar mis

aguas limpias con sus

aguas turbias,

qaue tendré que

silenciar mi canto

luminoso,

que tendré que acallar

mis gritos furiosos al

alba de todos los días,

que clarear mis ojos

con el mar.

El día llegará,

y en los mares inmensos

no veré más mis campos

fértiles,

no veré mis árboles

verdes,

mi viento cercano,

mi cielo claro,

mi lago oscuro,

mi sol,

mis nubes,

ni veré nada,

nada,

únicamente el

cielo azul,

inmenso,

y

todo se disolverá en

una llanura de agua,

en donde un canto o un poema más

sólo serán ríos pequeños que bajan,

ríos caudalosos que bajan a juntarse

en mis nuevas aguas luminosas,

en mis nuevas

aguas

apagadas.

 

Maestros de la pintura peruana

miércoles, 03 de febrero del 2010 a las 00:59

 TAGS:Como un aporte físico y siempre comercial, El Comercio ha iniciado la presentación de los que, a juicio de los editores y autores de esta labor, son los maestros contemporáneos más representativos de la pintura en el Perú. La verdadera utilidad del material se produce en la recepción motivada del usuario, hasta llegar a  la asimilación de los mensajes de cada volumen.

 Salvo algunos comentarios y presentaciones siempre parciales en diarios y revistas, además de las presencias en galerías de aquí o del extranjero, los pintores y sus creaciones casi siempre quedaron lejos del gran público, de las mayorías. Las ediciones de gran volumen y a todo lujo eran para presentaciones en círculos escogidos y entre amigos. La circulación de los mejores productos de la creación artistica y literaria  no deja de ser de élite, actitud que algunos explican con sus propias razones y su egoísmo. 

 TAGS:

Los círculos cerrados han sido extensamente un vicio característico del quehacer literario y plástico de este país.  Esta limitación es la que, al menos en papeles impresos y bien presentados,  ahora queda a un lado. Se requiere que esta tarea sea acompañada por un acercamiento cada vez má TAGS:s amplio a la sociedad peruana.

 La selección está encabezada por Fernando de Szyszlo, quien es a la vez el más antiguo y el más moderno de nuestos pintores, en razón de que rescata nuestros valores estéticos ancestrales para mostrarlos con el orgullo de un artista que se luce de igual a igual con los que vienen de cualquier horizonte, por ejemplo si de las técnicas más avanzadas en el arte  se trata.

Junto a Szyszlo nos llegan Sérvulo Gutiérrez (que nos lleva de inmediato a lo que de él vimos en el Hotel Salvatierra, en la Huacachina), Víctor Humareda (dueño de sí y de un expresionismo espectacular en vida y obra), José Sabogal (que con Szyszlo llena gran parte de la pintura peruana contemporánea, sin desconocer los méritos de otros pintores), Tilsa Tsuchiya (que nos sorprendió una y otra vez con la ternura de su imaginario mítico, a la par de ensoñacióny sensualidad). TAGS:

Siguen en la lista Gerardo Chávez, Ramiro Llona, Julia Codesido, Venancio Shinki, David Herskovitz, Jorge Vinatea Reynoso, Jorge Eduardo Eielson y José Tola. Y como cierre de esta propuesta,  la publicación nos trae un tomo con el título de Panorámica de la pintura peruana del siglo XX.

Estos maestros, y otros que suscite la curiosidad por conocer  todo lo que es nuestro arte de ayer y hoy,  podrán  ser apreciados en todas partes, especialmente por nuestros estudiantes, niños o jóvenes. Sin embargo, se requiere una labor docente que debe contribuir en el desarrollo de  una nueva conciencia de lo estético y de la cultura en el Perú, más allá de las agresiones que mantienen o generan algunos programas de los medios como la radio y la televisión, que por lo demás poco estimulan que se saque provecho de esta serie de los Maestros de la Pintura Peruana. La esperanza es lo último que se pierde...

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La " teta asustada " y Magaly Solier

sábado, 30 de enero del 2010 a las 23:11

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En la historia del cine peruano y latinoamericano, por encima de las opiniones encontradas,  La teta asustada ya ocupa un lugar de privilegio.  Ha despertado la sorpresa o al menos la curiosidad de quienes hacen cine en otros continentes. En esta evidencia, el reconocimiento para Claudia Llosa cae por su propio peso. Y también para la protagonista Magaly Solier, que ha dado lucimiento actual y fidedigno al espíritu quechua como elemento superviviente en la sociedad peruana.

No debe quedar al margen ninguno de los personajes del poblado de Manchay, pues abrieron el camino para que Claudia Llosa encontrara un rico filón de nuevas sugestiones,  creemos que más allá de la inicial percepción que suelen tener quienes conocen de fuera - a veces limitadamente- el mundo andino, su filosofía y los códigos de belleza, junto a los modos de entender el miedo de vivir entre dos fuegos hace cientos de años. ¿Puede una joven directora  de cine ser capaz de asimilar para el arte todo un mundo cubierto por los prejuicios, la marginación y el desprecio? La sensibilidad de Claudia Llosa hasta el momento contribuye a encontrar nuevas posibilidades en la suma de lo judeo cristiano occidental con el universo andino.

 La teta asustada es, en consecuencia, la versión cinematográfica de un sustrato cultural muy antiguo en los Andes, que encuentra su agudización en la violencia desatada a fines del siglo XX y en las inevitables migraciones de grupos humanos para buscar un lugar donde reiniciar la lucha por su civilización y su cultura, a esta altura de las tragedias sociales.

El arte, en cualquier caso, no escapa a sus bases en un mundo real, existente, casi siempre como resultado de creaciones anteriores, en la trayectoria de la herencia cultural. El mayor o menor desarrollo de lo imaginario, sobre esa base de realidad, marca las diferencias entre las innumerables tendencias de la plástica, del cine o de la literatura, aquí y en los otros continentes.

Un importante hallazgo de la directora, alrededor del terrorismo y sus secuelas, alrededor de la magnífica simbolización que alcanza la actuación de la Solier en defensa de la vida y del hecho de ser mujer ,   es mostrar la supervivencia de valores ancestrales, pugnando por integrarse con los que son de factura occidental, camino en el cual hay laberintos espirituales y físicos. En este camino, surgen conductas ingenuas de los migrantes, lo que en la elección de la vestimenta, de los utensilios, de la música y otros elementos, lleva a lo que estéticamente algunos críticos llaman el mal gusto. Es evidente, que se trata de grupos humanos no plenamente integrados al conjunto de un país, como efecto de  una fractura de siglos que resulta difícil de ser resuelto. 

 La concepción y realización del film, en contenido y lenguaje ,  resultan de buen nivel, como lo confirman las sucesivas confrontaciones y premios obtenidos, relegando a puestos inferiores la producción de otros directores y países.  Los premios anteriores otorgados a La teta asustada  se verán  consolidados con  los que vienen, sin excluir de esta sucesión  los máximos lauros exist - entes para el séptimo arte. Estamos, sin alguna duda, frente a una película de las más importantes del Perú en lo que va de este milenio. Y a nuestro parecer,  entre los filmes en lengua extranjera (quechua-castellano) que tientan el Oscar de este año, es la que desarrolla una temática de  trascendencia en cuanto a participación colectiva se refiere.No se trata de un incidente hecho película. Todo lo opuesto. Es la puerta de entrada a múltiples escenarios y colectividades de aquí y de allá, en el mundo contemporáneo.

 El problema que sí debemos  señalar está en las limitaciones más allá de los encuadres; en el proceso de edición faltan la fluidez o sorpresa formidables que admiramos en los grandes directores contemporáneos del cine, en Buñuel o  Antonioni, en Godard o Polanski, hasta los que van en disputa constante con la creatividad temática y formal de nuestros días. El ritmo, en sonido e imagen, aún no nos compromete  satisfactoriamente. Tenemos fe en lo que viene...

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"Agua rosada" está de luto

miércoles, 23 de diciembre del 2009 a las 02:33

 

 Ayer, en la ciudad de Huancayo, a las 4 y 45 de la tarde, a los 94 años de edad, murió JUSTO SALAZAR GONZÁLEZ, el compositor noble y sencillo, casi anónimo, de AGUA ROSADA. Agua rosada  llegó a ser uno de los huaynos más famosos de la segunda mitad del siglo XX en el hermoso valle del Mantaro. Sin duda,  los que conocen bien el Perú que existe al otro lado de la cordillera, saben que Agua rosada es uno de los huaynos antológicos con los cuales logró fama el Picaflor de los Andes. El prestigio del Picaflor hizo que Agua rosada conquistara el alma de todo peruano identificado con el alma andina. Lima no quedó ausente.

Un detalle surge entonces como necesario. Justo Salazar y el Picaflor fueron siempre amigos y compartieron sin mezquindad alguna inquietudes musicales. Un buen día, el Picaflor recibió el texto manuscrito de la famosa canción. Lo demás es historia muchas veces contada y cantada, en diversos escenarios.

 Justo era un juglar de las fiestas familiares en el valle, acompañado o por una guitarra o por una quena. Al lado de él, iban César Sánchez, Colonio y Lapa, quienes además de cantar debían tocar un instrumento ligero, como otra quena, otra guitarra o una mandolina. Era el conjunto que alegraba los cumpleaños de mediados del siglo XX, sin mayor paga que la buena comida y los buenos tragos que ofrecían los anfitriones. La generosidad iba de un lado a otro, sin fronteras. Todos colaboraban con lo suyo y el ritmo de la vida era ligero, saludable, un ayllu en supervivencia.

Agua rosada encierra una historia larga de ser contada. Será para otro día. Claro que, en general, diremos que  es el canto doloroso por el abandono de la paloma amada. Esto va en camino entre el sentimiento puro y el peso de la realidad que marca llanto y arrugas. La imaginación se cuela porque se alimenta de los hechos vividos, por uno mismo o por quienes caminan junto a nostros.

Justo Salazar compuso decenas de huaynos y sólo algunos alimentaron el repertorio del Picaflor. Los demás ojalá se puedan rescatar alguna vez del tesoro familiar que ahora queda sin el compositor casi desconocido. Precisamente, como en esos recordatorios al soldado desconocido, he querido poner algunas líneas antes que el siniestro olvido empolve el cariño que Justo tuvo por su tierra, por su gente y por sus sentimientos.

Justo fue puro sentimiento, difícil de ser entendido, pero noble hasta el final. No se fue de enfermedad alguna sino de años. Tuvo tiempo suficiente para pedir que adelantaran en su hogar la Navidad 2009 y para agradecer a la familia por todo lo que le iban dando desde que ya había dejado la calle, luego el bastón y finalmente  la posibilidad de valerse por sí mismo.

Mi padre se fue apagando poco a poco, como una velita, dijo al momento de la noticia Luz Enriqueta, en medio de una congoja indecible. Es verdad, Justo, vuelvo a decirte,  no fue víctima de ningún mal usual en estos tiempos tan poco soportables a veces. Se fue poco a poco, con una despedida irrepetible, irrenunciable, sin remedio. El cuerpo fue cayendo en su destino, sin mal alguno pero vencido por el tiempo, que va marcando el curso de la historia y donde cada ser humano tiene un papel relativo, circunstancial, como un reto de "o lo tomas  o lo dejas".

Muchos rincones del valle, Umuto, Aza, Incho, Cochas Chico, entre otros,  son testigos del niño huérfano que sin zapatos, apenas vestido, caminaba sin queja por entre las hierbas a veces frías y a veces tibias, a merced del clima y sus bondades o maldades. Más tarde, muchos sintieron como suyas las emociones del joven que se hizo creador de huaynos sin más riqueza que la vida envuelta en música y ternura.

Por todo lo que nos diste sin cobrarnos un centavo, por tu despedida tan suave y envidiable, te  queremos Justo como siempre y más que siempre.

 

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